Fundación Camino de Emaus

Alimento Espiritual

¿Tememos la Voluntad de Dios?

En ocasiones, a pesar de que amemos a Dios, de que creamos que existe y de querer servirlo, no terminamos de dejar que Su Voluntad moldee y señalice nuestra vida.

Una de las cosas es el temor: “¿Y si nos hace correr la misma suerte que a Su Hijo: ser pobre, vivir pobre, morir pobre?” “Yo quiero hacer la Voluntad de Dios, mientras no interfiera con mi modo de vida”, diría uno. “Yo quiero hacer la Voluntad de Dios, pero temo por lo que me pida”, diría otro. Esto sucede cuando algunos perciben la Voluntad de Dios como si fuese un ladrillo en la cabeza; otros creen que no importa lo que suceda siempre que sea la Voluntad de Dios; otros creen estar cumpliendo Su Voluntad pero no lo hacen con entrega, sino con padecimiento, como esperando algo parecido a “pájaro del mal agüero”.

Dios no quiere que le temamos, que lo cuestionemos, que lo analicemos, que cumplamos con lo externo de la religión, Él quiere que recibamos Su Amor, para que nosotros mismos podamos amar. “Pero ¡Si no lo veo!”, dirían algunos. “Que me de signos de Su Existencia” pensarían otros. “¿Por qué he de entregarle todo y obedecerle?” cuestionarían otros. “Yo no creo en eso”, se defenderían algunos.

Si no sentimos Su Amor, no podremos amarlo. Si no sentimos que es Nuestro Padre, no nos sentiremos hijos. Si no nos sentimos hijos. ¿Por qué hemos de obedecerle? Y, aunque seamos cristianos, no podremos salir de esta rueda de interrogantes si no comprendemos el eje de nuestra Fe: la entrega a Dios.

“El agua que brota de la tierra puede saciar la sed sólo por un tiempo. Únicamente el agua que nos da Cristo saciará para siempre nuestra sed de verdad y de vida”

1 Juan 2, 26

(Extraído del libro “Crecer en la Fe” - Fundación Camino de Emaús, páginas 15 y 16)


Siéntete “niño” en los brazos de Jesús

Si cuando pasamos por momentos de incertidumbre, cualquiera sea el motivo, perdemos la calma y nos desesperamos, iremos llenando el alma de tinieblas; asegurarnos de que todo saldrá bien, es una forma de auto engañarnos, que si bien a veces es necesario, sería como cerrar los ojos a la realidad que nos está tocando vivir. Mirar la verdad de nuestra vida, aceptarla con madurez, es el camino a transitar; muchas veces difícil y otras parece imposible, pues nuestras emociones y pensamientos alterados no nos dejan tener claridad.

En esos momentos, siente que Jesús te toma en sus brazos, te sostiene como si fueras un niño, siéntete "niño" en espíritu, entrégate a su contención.

La confianza en que puedes ponerte en sus manos, te devolverá la paz interior que los problemas te han robado. Jesús no viene a quitártelos, sino a sostenerte, a transitar contigo, y de manera espiritual, tu vida. Y cada acontecimiento que vivas tiene una enseñanza, un aprendizaje. Jesús es Maestro y te enseña, depende de ti abrir tu mente para aprender qué enseñanza espiritual puedes aprender de cada situación que vives.

Jesús quiere que recordemos que el mundo que vivimos es finito, se acaba, que no encontraremos aquí la plenitud de vida, sino en su Reino, un Reino de espíritu. Cuando comprendemos esto realmente, la Fe se encarna, se hace vida y la vida es mirada con otros ojos"

“Pero el mundo pasa, y con él, sus deseos. En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente”.

1 Juan 2, 17


Tus errores, tu camino

"Algunas personas se redimen por la presencia del amor de Dios en su corazón. Otras se redimen haciendo de sus equivocaciones y errores, su camino de luz. Otras sólo quieren vivir para sí mismas, sin pensar ni discernir sus actos, sus pensamientos ni sus sentimientos. Se ponen unas anteojeras para no ver más allá de sus propias necesidades, a costa de cualquier medio para satisfacerlas. Se pasan gran parte de la vida creando sufrimiento para sus seres queridos, ya que sus anteojeras no les permiten ver ni su corazón sentir. Viven así, hasta que un día se les caen las anteojeras y comienzan a ver. Delante de sus ojos está todo el dolor que provocaron. Lo sienten, lo sufren. Se arrepienten y se redimen porque hacen de las consecuencias de sus actos, su camino de redención. La equivocación en sí, no los hace tambalear; sino las consecuencias en sus seres queridos, cuando ya no las pueden evitar, cuando ni pedir perdón puede secar sus lágrimas

Cada uno debe encontrar su camino de redención desde su propia historia, desde su única identidad, desde su corazón. Todos podemos ser redimidos, pues Cristo no le teme a nada de lo que hayas hecho, sentido, decidido. Pero necesita que te encuentres con tu verdad interior, que con sinceridad te mires y te aceptes, que reconozcas tus máscaras, tus errores, que dejes de poner en los demás, responsabilidades que son sólo tuyas, que dejes de correr tras un montón de cosas "importantes", dejando lo único esencial para tu vida: la verdad de ti mismo.

Y al encontrarla, lo encontrarás a Dios esperándote, conteniéndote, dándote fuerza y aliento para aceptarte y amarte. Al mismo tiempo que te encuentras a ti mismo, encontrarás y podrás ver cuál es tu camino."

“Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo”.

Juan 16, 13


No seamos cristianos comedidos

"Cuando alabamos a las personas por sus actos, cuando las vanagloriamos y las tomamos como "camino", nos olvidamos que Cristo es el único camino. Y es como apreciar un durazno solamente por su carozo, no teniendo en cuenta la fruta en sí misma, su sabor, sus nutrientes, su verdadero valor.

De igual manera, los cristianos podemos desvirtuar la esencia de nuestra Fe en nuestro corazón, dándole valor únicamente a lo que alimenta una parte de la Fe, y esto sucede cuando comenzamos a idealizar a personas que han dejado huellas de bien y de santidad, olvidándonos de que lo esencial de nuestra Fe y su verdadero sustento es Cristo.

Para ello, necesitamos permanecer firmes en nuestros conceptos y no rebajarlos; aun a costa de posibles distanciamientos de afectos y amistades, lo que sería como descender la escalera del crecimiento espiritual, en lugar de ascender cada día un escalón más. Muchas veces por ser empáticos con los demás, por ser aceptados y mantener un vínculo más estrecho, corremos el riesgo de dejar de lado lo esencial, lo importante y el único camino posible: Cristo, convirtiéndonos de esa manera, en cristianos comedidos.

Cristo quiere un cristianismo transparente, donde poder ver reflejado Su Rostro. Y para eso, cuenta con el compromiso de nuestro corazón."

Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad”.

2 Timoteo 1, 7


Reflexión para empezar el año: El lazo con Dios

El lazo con Dios no se produce desde la razón, desde el pensamiento de quién es Dios o de lo que nos enseñaron sobre Dios. Se produce desde el corazón, desde lo que verdaderamente es Dios para mi alma. Saber que Dios es Padre no lo convierte en mi Padre. Saber que María es Madre, no la hace mi madre. El saber nos instruye la razón y sólo cuando llega al corazón, tiene un sentido real.

Quién es Dios para cada uno será una respuesta que cada uno encontrará en cada paso de su camino. Es fluctuante y puede pasar por muchos estados de luz, de claridad, de amor y estados de oscuridad, de reproches, de confusión. Dios es Luz pero no siempre se revela como luz. A veces se apaga y nos deja en tinieblas. otras veces somos nosotros los que apagamos o rechazamos su Luz. esta experiencia de soledad y oscuridad interior, nos puede llevar a comprender cuánto necesitamos esa Luz, ese sostén divino que sin él somos como mendigos desesperados por una migaja de pan.

Ante la falta de Dios, nos tomamos con más fuerza de Él, pues sabemos por experiencia lo que significa esa oscuridad, cómo quedamos al libre albedrío de nuestras desordenadas pasiones y de nuestros sentimientos negativos, impulsos del ego y cómo nuestras heridas se vuelven a infectar. Todo eso afecta la salud mental, física y espiritual. Lo llamamos stress y nos parece algo normal por ser tan cotidiano. Pero es la falta de Dios en el corazón, ese equilibrio que nos ordena, nos regula, nos sostiene, nos guía e ilumina. Es el eje. Pero un eje para vivir mirando un horizonte que no es un tesoro de este mundo, no es un horizonte que compra prestigio o poder, confort o seguridad, es un horizonte que nos trasciende, que da un sentido a nuestra vida, que lejos de consumirnos, nos da plenitud.


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